Animal – Virtual

Cómo serán nuestras pieles cuando nos encontremos
se me ocurre que serán pieles nuevas.

Como mínimo,
algo de nuestra piel antigua
se deberá haber caído

¿Habremos encontrado en el sufrimiento, lo suficiente para descubrir nuestra sensibilidad? 
¿Por qué algunas personas tienen más comodidades que otras para afrontar esto?
¿Por qué nos parece mejor estar tranquilos que estar indignades?
¿Qué significa poder ser virtuales?
¿Qué significa que necesitemos trasladarnos menos?
¿Qué significa que no podamos cruzar fronteras?
¿Qué significa esta mascarilla?

Cómo serán nuestras pieles cuando nos encontremos…

*** ***

Este intercambio epistolar nació entrando al segundo mes de la cuarentena. Habíamos pasado ya algún tiempo percibiendo el impacto del encierro, observando desde nuestras casas las transformaciones de la ciudad en esos días, enterándonos del progreso de la enfermedad en el país y el mundo. 

Surgió y perduró a lo largo de cuatro semanas de este tiempo incierto.

Arrancó con una chispa.
La primera carta fue escrita sin esperar respuesta.
La chispa encontró paja seca y viento.

Una de las tantas cosas a las que nos estábamos adaptando, por ese entonces, era a la “supremacía digital”. En pocas semanas, los encuentros se habían convertido en videollamadas, los almuerzos en fotos y los espectáculos en transmisiones en vivo, por alguna red social. 

Frente a esta situación, que nos resultaba incómoda e insuficiente, las cartas aparecen como un retorno a la comunicación de antaño, a través de un medio digital. De esta manera, y sin reparar en ello, nuestro intercambio se convirtió en una transgresión al uso cotidiano de las plataformas virtuales. No nos dejamos apurar por la inmediatez, sostuvimos la espera; cada una se tomó el tiempo necesario para leer, procesar, esperar al deseo y escribir respuesta. 

En el límite de la rebeldía, escribimos las cartas en un documento adjunto. Cada carta había que abrirla y sacarla del sobre, era un descubrimiento. 

Se asentó una postura crítica frente al uso de la tecnología y el lugar que ella estaba ocupando en nuestras vidas. Se asentó en el contenido y también en la forma. Se abrió un espacio compartido que pidió, como tributo de ingreso, dejar lo binario, lo lineal, lo excluyente… el control.

Las cartas nos llevaron a un tono muy privado y personal. Además de deshacernos del apuro de las redes sociales, también soltamos la brevedad de los mensajes. Hay algo especial en elaborar un texto largo que será leído así, en su totalidad. A través de las palabras, las metáforas, la descripción de sensaciones y sentimientos, intentamos dar sustancia y consistencia a nuestro mensaje. La búsqueda es lograr una experiencia compartida, algo nuevo que se construye en el encuentro de las subjetividades. La imagen. Hacer alma, diría una junguiana arquetipal. ¿Será que eso es la comunicación?

Al tiempo que intercambiamos cartas, nuestra relación cotidiana seguía su curso. Nuestras cartas se volvieron un tesoro compartido, del que casi no hablábamos, aunque sí habláramos de otras cosas. En el medio de esta realidad virtual, encontramos la posibilidad de sostener varios planos en nuestra comunicación, utilizando diferentes plataformas pero, más aún, buscando diferentes niveles de intimidad. Las cartas tomaron su rumbo, y en ellas nos permitimos elaborar ideas que no pertenecían a la conversación cotidiana. Nos permitimos desnudar nuestros pesares, compartir nuestras travesuras y pensar juntas en esto de habitar el confinamiento. 

Descubrimos que la ciudad había sido tomada por el silencio. 

Lima es una ciudad estridente, donde los sonidos suelen anticipar la presencia de la gente que nos rodea. Los sonidos alertan a nuestro cuerpo de la proximidad en toda esta jungla, plagada de seres. En ese sentido, el silencio es también espacio. 

Fuimos entendiendo que el tiempo se había rebelado y que ya no era el mismo de antes. Esto no era un paréntesis en la vida, sino que la vida seguía escapándose en el pasar de estos días iguales. 

El tiempo no solo pasa fiero y sereno, es también circular. En nuestras cartas nos encontramos respondiendo dudas antiguas, como si -de pronto- mensajes que quedaron sin respuesta, en medio del silencio acumulado, encontrasen eco.

Sentimos juntas y separadas el pesar del cuerpo. Se fue gestando la resistencia a la idea de la “nueva normalidad”. Empezamos a reclamar el espacio del cuerpo en los vínculos, en un momento en el que lo único que garantiza la seguridad, es la distancia. Esto, aunque inoportuno, nos resulta fundamental. 

¿El cuerpo puede quedarse a un lado de los procesos humanos?
¿Se reducirá a ser un depósito, o no-depósito, de virus y enfermedad?

Cierro los ojos 
Respiro

Escuchar mi cuerpo, 
moverme, tocarlo
y, si tengo suerte, ser mi cuerpo

Ser mi cuerpo paradójico
contradictorio.
ser mi cuerpo, que sabe ser uno solo
que sabe ser infinito
polimorfo
Ser mi cuerpo cuando desayuno
ser mi cuerpo también, cuando llena de prótesis tecnológicas, me extiendo.




*****************************



En casa,18 de abril del 2020

Franci, 

En estos días vengo pensando en los mundos que habitamos. A ver qué te provoca mi locura. 

Empiezo por el mundo interno, el que ahora habito la mayor parte del tiempo. Se me ocurre que es interno porque sus límites se encuentran en aquello que comunico de algún modo. Cuando lo que nace en el mundo interno se comparte, se transforma. 

(Ya podríamos decir que se contagia.) 

Luego, diría que habito el mundo de afuera, donde está lo que suele entenderse, por consenso, como realidad. Que el mundo sea externo no quiere decir que me sea indiferente, probablemente todo lo contrario. Mi piel es delgada y permeable y, con ello, el contacto con el mundo de afuera me transforma todo el tiempo. 

En algún punto, entre el primero y el segundo, encuentro el mundo del arte. Las artes visuales, las artes plásticas, la música, la literatura, las artes escénicas y otras tantas que se ponen a nuestra disposición por la  generosidad de sus autores.

(…)

El mundo del arte se ha entregado para cuidar de nuestro bienestar, para llevarnos a este terreno de ensueño donde hay lugar para la angustia y para la esperanza, para las risas, para la belleza, para la confusión y la incertidumbre. Para enredarnos en historias ficticias, para descansar de los otros mundos. Nunca he dudado de la importancia del arte para mi felicidad. Sin embargo, creo que no ha sido sino hasta ahora que noto lo esencial que es para el procesamiento colectivo de una experiencia tan traumática como esta. Estoy segura de que el arte será, además, el mejor modo de elaborar juntxs este pedazo de la historia. 

Pienso que ahora percibo estos mundos tan distintos entre sí, porque dos de ellos se han mudado – parcialmente – a la pantalla de mi celular, donde a ratos se me pierden.

Me encuentro pasando tanto tiempo en mí, en el mundo interno, que espero conocerlo bien; acomodarme un poco, caminar sus senderos menos caminados y hablar mejor su idioma. También botar algunas cosas, reciclar otras y limpiar un poco. Espero encontrar abrazos viejos para ponerme, toparme con algunas miradas y recordar caricias espontáneas que me han calentado el corazón.  

Te dejo un abrazo, 

Maca.


*** ***

23 de Abril, 2020

Maca!
(…)
Hoy fui libre. Fui besada, tumbada al suelo entre besos. 
(…) 
Corrimos de una sombra a otra porque el sol apretaba su caída. 
Él me miró fijamente a los ojos, no sé si antes me había mirado así. Su mirada en general la recordaba más difuminada. 
Hoy me enfocó, creo que por la mascarilla y por el amor.
El silencio de Lulo, su mirada calma y buena. Sin pena de haberse adolorido por mi ausencia, sin reclamos, sin palabras, solo mirada fija y amor, amor en sus besos, en su cola, en sus saltos.
(…)
Hoy fui libre Maca, fui libre de abrazar, de correr por el parque, de ser besada. 
La energía de Lulo es simple. Es muda. Es cuerpo. Es juego. Es trascendente. 
Caminando con mi compañero, miro las calles y encuentro que los silencios se han hecho más presentes. Cómo si la gente pudiera estar más calmada y en silencio. 
Como si este silencio obligatorio hubiera durado lo suficiente para empezar a calarse por las orejas abiertas. Y de pronto los vecinos hubieran sentido por fin, el silencio habitándolos. 

El silencio es espacio. ¿No?

Me encanta cuando el teatro empieza la escena en black out, en caja negra absoluta, y puedo dejar los ojos abiertos y tener la impresión de que los tengo cerrados.
Me gusta porque es como si estuviera soñando. 
De pronto alguna luz suavemente empieza a aparecer. Y el silencio abriga esa luz y la hace hermosa, poética, mística… la luz ya no es luz, es augurio… 

Lulo camina
libre
y mi corazón como un ave, sobrevuela su lomo
vigilando el horizonte

Fran

*** ***


En casa, 27 de abril del 2020

Franci, 

Me gustó que mi carta motivara un ”intercambio epistolar”, como me dijiste en una conversación muy coloquial para sostener tremendas palabras. 

Me hablabas de libertad y yo venía sintiendo poco de eso, así que decidí buscarla. Reclamarla. Recuperarla en una travesura, como los pequeños actos de rebeldía que me permito contra el confinamiento. 

Salí el sábado en mi bici y fui libre también. Fui libre de sentir el sol en mi espalda, de sentir el viento refrescarme la cara. Puse música solo para mí y canté, seguro muy feo, para quien me escuchara. 
Me divertí con las mascarillas que la gente inventa y los nuevos estilos de cuarentena que se desfilan por las calles. Reparé en que la mascarilla no deja ver mi sonrisa y entonces pude reírme de lo incorrecto.

Cuánto aprecio estas calles, cuánto extraño caminarlas. 
Realmente extraño sentarme en el malecón y mirar, sin pensar en nada importante, cómo el mar se mueve, ruge y se calma. Cómo avanzan las nubes con el viento, sin pretensión ni apuro. 

El silencio es espacio, sí. 
Ahora nos muestra una cara de la ciudad que no podríamos haber visto nunca antes, ni domingos ni feriados, porque es el resultado de la acumulación de tantos días iguales. 
El silencio acumulado. 

Me hablas de Lulo y pienso en Layo. 

Layo es un tremendo maestro de confinamientos.  
Él ha vivido en una eterna cuarentena y lo prefiere así, la calle le genera desconfianza. 
Juega a ser una fiera; el otro día cazó un pajarito que no tenía ninguna culpa, más que haber invadido su pedazo de jungla. Lo soltó luego de haberlo paseado para mostrar su victoria, recordándonos que es el tigre de la casa. El pajarito estaba asustado, pero ileso. 

Layo sabe de mi tristeza. 
Se trepa y se queda en mi pecho, se deja abrazar, acerca su nariz a la mía y ronronea, con ese sonido inexplicable que sólo emiten los gatos para mostrar su amor. 
Se queda el tiempo que sea necesario, no me apura. 
Tal vez sea el único que no me apura.

Y es libre en su confinamiento. 

(…)

Te abrazo fuerte, largo y tierno. 
Como siempre.

Maca

*** ***

29 de abril, 2020 

Maca, tu carta la leí ni bien llegó a mi correo. 

Estoy sentada en un rincón de la casa, bajo el sol. Como Layo.

La libertad
Tu libertad y la mía, la libertad de Lulo y de Layo
La libertad que se recibe en la sorpresa de un encuentro 
La libertad que se reclama sobre ruedas

Lo simple, el mar que ruge y se calma, las sombras del parque, las mascarillas diversas, las mascarillas que transparentan, las mascarillas que ocultan las vergüenzas
Lo simple en el silencio
El silencio acumulado que ha rebalsado cierto continente invisible y se ha calado por las orejas abiertas para hacerse sentir adentro, como espacio
El silencio con el que escribo, el silencio con el que te leo
La mirada de Lulo
El espacio para sentir el afuera
El espacio para sentir el adentro
La nariz de Layo
El secreto del tiempo que no se apura
El secreto de los que no reclaman ni confinamientos, ni ausencias
La libertad

¿Cuánto tardará tu respuesta en llegar? 

Maca, no te apures. Estoy aquí en esta especie de silencio compartido que ahora es espacio, más cerca que lejos. Y quisiera que nuestro intercambio no se deje apurar.

Nosotras, las cartas
El espacio, el silencio
El compartir Animal-Virtual

Fran

*** ***

En casa,  6 de mayo del año raro

Hermana, 

Te pienso mucho ahora que intercambiamos cartas. Te leo y siento que navego tu mente divagante, que observo desde tus ojos la luz, la hoja de olivo, la nariz de Lulo. 

El tiempo es espacio. El tiempo es también, según una psicoanalista mexicana -cuyo texto llegó de regalo a mis manos- la dimensión en la que ocurren los cambios. 

Tu tiempo, mi tiempo. 

Mi silencio y el tuyo. El silencio que nos habita y que nos rodea, acumulado por los días iguales, a lo largo de un tiempo que tiene un paso sereno. 

Percibo que las formas de medirlo se han vuelto irrelevantes porque el tiempo, este año, se ha rebelado. 

No quiere ser más reloj ni calendario. Nos está mostrando, con crudeza, su enorme versatilidad. Su capacidad de transformarse en la vida psíquica de cada quien.
Se alarga y se encoge como un chicle de calidad, como un beso. 
Como un beso fugaz que se siente eterno, y aún habiendo acabado pronto, se queda contigo por horas, por años. 

Han pasado ya muchos días, muchas noches, muchas voces. 

Las distancias también se han transformado. 
Me dices que estamos más cerca que lejos y sí, aunque al mismo tiempo, nunca estuvimos tan lejos, estando tan cerca. 
La virtualidad no me alcanza, Franci. 
Me recuerda lo que falta; los abrazos que se escapan, las sonrisas que se ven desde que nacen en los ojos, la sincronía entre dos cuerpos que comparten el mismo espacio. 

O será que la mía es un alma antigua, también me lo han dicho. 

Me encuentran las ganas de hacer travesuras. De robarme un pedacito de malecón; esconderme entre sus jardines -ahora salvajes- sin que nadie me vea, sin que nadie me recuerde. Por un ratito. 

El tiempo se endurece de nuevo, marca su paso, me recuerda que esto no es un sueño.

Trilce ya gatea. 
Estamos en mayo. 
El cielo azul se va despidiendo. 
Pienso que se quedó para esperar que volvamos al mar, aunque sea una vez. 

Yo estoy aquí, más sola que acompañada. 
Tú por allá, ¿cómo estarás?

Te quiero tanto, 

Maca

*** ***

Es 7 de mayo, y la luna llena está en Escorpio

Maca, el 5 de abril de este año raro, escribí a las LJ…

Hola! Cómo van? Yo estoy en día de prohibición absoluta de salir, me quedé en casa de la vecina, creo q mañana volveré a mi casa, vestida de hombre, claro. No me llevo bien con la prohibición… ayer tampoco salí, pero hoy el encierro me pega más duro...
El año pasado me encontré pensando varias veces en la distancia, en el sentido de tener tantas relaciones importantes con personas que no habitan en mi territorio… ustedes, cómo podrán imaginarse, son protagonistas de esa reflexión. (…) Ahora en el encierro me pregunto una y otra vez por el cuerpo, por su lugar en mis vínculos. Lo hago con dolor, con el dolor de aquello q se ha quedado relegado en la lista de lo permitido, una vez más.
(…)
Fran

Este mensaje acaba de encontrarse contigo. Tú sin haberlo leído. Él sin saber que te esperaba. Han resonado juntos en mi pecho y yo, he llorado.

El tiempo es la dimensión en que ocurren los cambios. Los cambios. Los ojos que sonríen antes que los labios. (…) He llorado con la imagen del paso sereno del tiempo porque la vida se la lleva el tiempo… he llorado con la imagen del beso que se alarga infinito, pero que no está más. He llorado porque me duele la distancia. No me da pena, no me da cólera… es más básico y corporal, me duele… y lo guardo como un secreto que reviso a escondidas, entre lágrimas… y ahora contigo.

(…)

Nada nunca será como abrazarte largo y tierno, bebé. 
Nada nunca será lo que los cuerpos pueden, cuando están presentes. 
Nada nunca será.

No estoy dispuesta a cederle a la virtualidad el lugar que tiene mi cuerpo en los vínculos. 
No pienso dejar a mi cuerpo de lado. Todo lo contrario. Lo intento reivindicar.

El tiempo pasa fiero y sereno. El tiempo pasa y se lleva los días, las oportunidades de vernos, se lleva los gateos de Trilce, se lleva cosas que no vuelven Maca. 
Eso es terrible. 
Te diría que vendrán tiempos mejores, pero la verdad es que no lo pienso… como tampoco pienso que no vendrán… pensar en el futuro ahora me resulta tan virtual como todo lo que no está presente… por ahora me consuelo atesorando el dolor, lo abrazo, lo lloro… y gracias a nuestras cartas, lo comparto. 

(…)

El dolor me enseña mucho. Me da sentido de lo importante. Me trae al presente, que por más duro e implacable que sea, es el tiempo en que estoy viva. 

Ese es mi templo.

Fran

*** ***

En casa, 10 de mayo, día de las madres del año raro

Mi Franci, 

Algo de esto será siempre nuestro. 

En estos meses he sentido temblar todas mis certezas, algunas cayeron hace mucho, algunas han quedado agrietadas y se sostienen como pueden, por algún tiempo más. Las que han quedado son muy pocas, la verdad, pero tienen que ver con la fortaleza de mis vínculos. 
Cuando me hablas de tu dolor entiendo que es tuyo y lo siento también en mí.  

He aprendido a respirar varias veces.
Creo que es casi un gesto de resistencia. 
(…) Y es puro cuerpo, como venimos reclamando. 

Respira belleza mía, mientras bailas, mientras desayunas, mientras lloras. 
Respira que en una respiración hay tiempo, hay espacio, hay silencio…

Esto es aplastante. Arrollador. Sentirnos en nuestro cuerpo es levantarnos nuevamente, hacer frente, resistir la oleada virtual. 

(…)

Qué curioso es este intercambio…cómo se viven las respuestas, cómo habremos elegido lo que queremos compartir. El tiempo, así rebelde como está, convirtió mi carta en una respuesta a tu mensaje suelto en “la nube”, que es un espacio intangible y lleno de obstáculos.
Quizás todas nuestras cartas han respondido memorias antiguas, mensajes sin respuesta, dudas existenciales. 

Espero poder verte pronto, mirar con mis ojos a los tuyos, y descubrir ahí el inicio de la sonrisa que nos enrede en un abrazo tierno, que seguro será un tesoro. 

Ya pronto, 

Maca

*****************************


Por Macarena González. Psicóloga feminista & Francesca Ruggiero. Psicóloga junguiana, lesbiana feminista.

Imagen «Desmembramiento de Watakame» por José Benitez Sánchez, artista Huichol (1973). La escena retrata la desintegración del campesino primigenio Watakame, cuyos miembros renacen en las plantas que sostienen el estilo de vida del pueblo Huichol.


*Recuperado de: ARAS (Archive of Research in Archetypal Symbolism) https://aras.org/

Deja un comentario