Vulnerabilidad y afecto

Vulnerabilidad y afecto1

Escrito por Camila Ribeiro2

Traducido por Fran Ruggiero

«Voy a hacer una pregunta absurda: ¿cómo tener la fuerza para estar a la altura de tu propia debilidad, en lugar de permanecer en la debilidad de cultivar solo la fuerza?»

(Peter Pelbart, Biopolítica)

Asociar vulnerabilidad, resistencia y afecto puede ser interpretado como ingenuidad, dependiendo del grado de adhesión, más o menos consciente, al imaginario sociocolonial. Sin embargo, hablar de afecto, en conjunción con vulnerabilidad y resistencia, en la sociedad capitalista occidental supone adoptar una postura contraproducente, concretamente en el sentido foucaultiano, un escenario de acción, respuesta y actuación que se refiere a la apropiación de los propios mecanismos de poder (FOUCAULT, 1988). Desde esta perspectiva, «la vulnerabilidad se invoca como una condición constitutiva, fundamental y compartida, una forma de estar abierto a ser afectado y a afectar» (GILSON, 2016, p. 72, traducción nuestra).

La apuesta que hacemos en este sentido está vinculada a la convicción de que es precisamente el afecto lo que genera la disposición a actuar, «es al ser afectados —al ser vulnerables— que somos capaces de desarrollar una miríada de capacidades de acción» (GILSON, 2016, p. 76, traducción nuestra). La capacidad de respuesta ética se activa cuando generamos la habilidad de responder con sensibilidad al otro, la capacidad de responder bien a la vulnerabilidad en nosotros y en el otro. Responder bien, en este sentido, no significa una demarcación maniquea de las acciones, sino que se trata de acceder y asimilar la complejidad de la propia condición (compartida) de vulnerabilidad.

Cuando nos relacionamos somos vulnerables, lo que significa que estamos expuestos a la vulnerabilidad y, en el sentido que hemos ido desarrollando, también a la interdependencia y a la interconexión. Aspirar a la autosuficiencia hace que se menosprecie la vulnerabilidad y se idealice la invulnerabilidad, generando una perspectiva que niega la dimensión positiva de la interdependencia y la interconexión (GILSON, 2016). Es por este sesgo que la vulnerabilidad, entendida como condición ontológica humana, permite compartir la responsabilidad por otros individuos también vulnerables, es decir, «la tesis de la vulnerabilidad ofrece una poderosa alternativa al «mítico sujeto liberal autónomo de la retórica neoliberal»». (BROWN; ECCLESTONE; EMMEL, 2017, p. 504, traducción nuestra).

El valor de la vulnerabilidad, entendida como instancia de afectación, reside en la capacidad que genera para captar las tensiones y complejidades relacionadas con cuestiones de poder, género y sexualidad. En este sentido, la vulnerabilidad remite a una condición de apertura, susceptibilidad y receptividad, junto con una condición de ambigüedad (GILSON, 2016). La invulnerabilidad, por su parte, «entendida como impermeabilidad y ausencia de susceptibilidad, es una forma de cierre y una forma de aislarse de todo lo que puede afectar de maneras impredecibles, desestabilizadoras y ostensiblemente negativas» (GILSON, 2016, p. 76, traducción nuestra).

La ambigüedad que entra en escena adquiere entonces un matiz particular, y positivo, que difiere del significado descalificativo que le han atribuido las ciencias duras a lo largo de los últimos siglos. El psicólogo estadounidense Hillman (1981, p. 93), creador de la psicología arquetipal, habla de «un lenguaje dudoso: ambigüedad consciente, más que ambivalencia inconsciente». Empleamos esta afirmación en el sentido de referirnos a la apropiación consciente de la vulnerabilidad en lugar del control inconsciente de los procesos de vulnerabilización; a la disposición a asumir y sostener los afectos suscitados por la vulnerabilidad; y a la posición ambigua que surge cuando pasamos a resistir con la vulnerabilidad en lugar de resistirnos a ella. Esto demuestra que la:

[…] la vulnerabilidad es un tipo de relación que pertenece a esa región ambigua en la que, receptividad y capacidad de respuesta no son claramente separables entre sí, ni se distinguen como momentos separados en una secuencia; es en realidad, donde receptividad y capacidad de respuesta se convierten en la base para movilizar la vulnerabilidad, en lugar de comprometerse en su negación destructiva. (BUTLER, 2016, p. 25, traducción nuestra).

Esta negación hace referencia al deseo de control total e idealizado de situaciones, acontecimientos y experiencias, esto es, al deseo de controlar lo propio y lo ajeno, encerrando las perspectivas de vida como si fueran cristalizadas y unívocas. La invitación es que, en lugar de imaginar la vulnerabilidad como una respuesta naturalizada de una posición previa de fragilidad, podamos comprenderla y explorarla de una manera más compleja. Lo que requiere la incorporación de su condición ambigua como un potencial que reconoce la posibilidad de la existencia mutua de agencia e infracción, de receptividad y afirmación, de fuerza y susceptibilidad (GILSON, 2016).

Así, la vulnerabilidad, en consonancia con la disposición a los afectos, indica una zona en la que las antiguas dicotomías y binarismos tan bien delimitados y sustanciados3 a lo largo de los siglos XVIII al XX, ya no sirven como única base de sustento para los diversos modos de vida posibles y existentes en la sociedad contemporánea. La posmodernidad, como confluencia de tiempos y espacios, permite cuestionar las narrativas dominantes, en lugar de reforzar «la cuestión de la identidad que desea igualar a diferentes sujetos en un modelo determinado» (SILVA, 2017, p. 154). En este sentido, «a medida que se multiplican los sistemas de significación y representación cultural, nos enfrentamos a una desconcertante y cambiante multiplicidad de identidades posibles» (HALL, 2006, p. 13).

De este modo, se pone de manifiesto que la vulnerabilidad puede ser un potencial para encuentros capaces de generar acciones conjuntas, forjar alianzas y crear redes de apoyo. Al problematizar la cuestión de la vulnerabilidad en relación con la libertad, Butler (2016) afirma que la libertad solo puede ejercerse si el soporte ofrecido es suficiente para el ejercicio de esa libertad, y que ningún individuo se mueve sin un entorno de soporte, ya sea con manifestaciones más explícitas o menos explícitas. Por lo tanto, la tesis de la vulnerabilidad, es decir, la vulnerabilidad entendida como una condición compartida, «puede utilizarse para desarrollar un modelo de ciudadanía basado en la interdependencia, la empatía y un primer plano de obligaciones sociales éticas hacia los demás». (BROWN; ECCLESTONE; EMMEL, 2017, p. 504, traducción nuestra).

En lugar de la expresión «modelo de ciudadanía» citada por los autores mencionados anteriormente, optamos por ejercicio de ciudadanía, con la intención de escapar del uso que la palabra «modelo» ejerce en la política de identidades que, sin menospreciarla, sirve como un importante aparato de afirmación para las «minorías» —utilizamos «minoría» en el sentido de Deleuze (DELEUZE, 1992). Por lo tanto, nos referimos a individuos oprimidos política y socialmente, y no como una categorización estadística—, pero que al mismo tiempo produce los estigmas a través de los cuales se espera que los individuos respondan exclusivamente de la manera estandarizada y permitida para/por el grupo al que «pertenecen» o «deberían» pertenecer (BARBOSA, 2021).

Por último, «se trata […] de erotizar la vida cotidiana, desplazando el deseo que fue capturado por el capital, la nación o la guerra, para volver a distribuirlo en el tiempo y en el espacio, para todo y para todos» (PRECIADO, 2019, p. 223). De responder a la vulnerabilidad de manera que se reciban los afectos, de diversos matices, que ella engendra. Respuesta que está ligada «no a una necesidad moral, sino a una necesidad vital» (SILVA, 2017, p. 148). Siendo así, la vulnerabilidad como «la capacidad de ser afectado por los demás y de afectar a los demás es fundamental para lo que significa estar vivo» (GILSON, 2016, p. 76, traducción nuestra).

Referencias

BARBOSA, Mônica. Fabricando um corpo não-mono: entre catracas identitárias e a composição de constelações íntimas. Teoria e Cultura: Revista do Programa de Pós-Graduação em Ciências Sociais da Universidade Federal de Juiz de Fora, Instituto de Ciências Humanas, Departamento de Ciências Sociais, v. 16, n. 3, p. 49-60, 2021. Disponível em: https://periodicos.ufjf.br/index.php/TeoriaeCultura/article/view/36409. Acesso em: 28 dez. 2022.

BROWN, Kate; ECCLESTONE, Kathryn; EMMEL, Nick. The Many Faces of Vulnerability. Social Policy and Society, v.16, n. 3, p. 497-510, 2017. Disponível em: https://doi.org/10.1017/S1474746416000610. Acesso em: 3 nov. 2022.

BUTLER, Judith. Rethinking Vulnerability and Resistance. In: BUTLER, Judith; GAMBETTI, Zeynep; SABSAY, Leticia (Orgs.). Vulnerability in resistance. Durham e London: Duke University Press, 2016. p. 12-27.

DELEUZE, Gilles. Controle e devir. In: DELEUZE, Gilles. Conversações. Tradução de Peter Pál Pelbart. São Paulo: Ed. 34, 1992. p. 209-218.

FOUCAULT, Michel. História da sexualidade I: a vontade de saber. Tradução de Maria Thereza C. Albuquerque e J. A. Guilhon Albuquerque. Rio de Janeiro: Edições Graal, 1988.

GILSON, Erinn. Vulnerability and victimization: Rethinking key concepts in feminist discourses on sexual violence. Signs: Journal of Women in Culture and Society, v. 42, n. 1, p. 71-98, 2016. Disponível em: https://doi.org/10.1086/686753. Acesso em: 27 out. 2022.

HALL, Stuart. A identidade cultural na pós-modernidade. Tradução de Tomaz Tadeu da Silva e Guacira Lopes Louro. 11ª ed. Rio de Janeiro: DP&A, 2006.

HILLMAN, James. Traição. In: HILLMAN, James. Estudos de Psicologia Arquetípica. Tradução de Pedro Ratis e Silva. Rio de Janeiro: Achiamé, 1981. p. 79-98.

PRECIADO, Paul B. Um apartamento em Urano – crônicas da travessia.Tradução de Eliana Aguiar. Rio de Janeiro: Zahar, 2019.

SILVA, Renata F. Por um modo de vida alegre. Leitura: Teoria & Prática, Campinas, São Paulo, v. 35, n. 70, p. 147-157, 2017. Disponível em: https://doi.org/10.34112/2317-0972a2017v35n70p147-157. Acesso em: 14 abr. 2022.


[1] Extracto del texto: RIBEIRO, Camila C. S.; PATIÑO TORRES, José F. Vulnerabilidade(s): das formas de resistir. En: MIRANDA, Cynthia M.; SOUSA, Maíra E.; CARVALHO, Carlos A. (Orgs.). Vulnerabilidades, cultura, tecnologia e resistências na Amazônia. Belo Horizonte, MG: Fafich/Selo PPGCOM/UFMG, 2023, p. 25-42. Originalmente publicado en portugués. Disponible en https://seloppgcomufmg.com.br/colecoes/vulnerabilidades-cultura-tecnologia-e-resistencias-na-amazonia/

[2] Texto escrito en cercanía a José Fernando Patiño Torres, compañero pensante y afectivo de las rutas reflexivas que la autora dibuja en este texto.

[3] N.T. El proceso de traducción implicó algunas instancias de diálogo –intersticios detonadores de pensamiento– de las cuales decidimos preservar y compartir la que sigue.

  • Fran: Me parece que la palabra “sustanciación” no existe en español… Sugeriría que la mantengamos en portugués y cursivas para resaltarla. Además, me interesaría preguntarte cómo entiendes esta “sustanciación” de los afectos y si te parece, incluirlo en una nota la pie.
  • Cami: Hmm… no sé si la “sustanciación” sería en relación a los afectos, creo que no, al menos no en el modo como lo pensé ahí, pero sí es en relación a las dicotomías y binarismos. Cuando lo escribí creo que estaba con la “sustanciación” que habla Butler en el 1º capitulo de problemas de género (género en disputa, creo que se ha traducido al español). ¿Crees que se hace necesario o relevante poner eso en una nota?
  • Fran: Gracias por la precisión, había entendido que la critica se dirigía a la forma de entender lo afectos… que estabas criticando la idea de que los afectos se entiendan y distribuyan individualmente, desde el binarismo: lo mio y lo tuyo… una idea más cerca a lo que venías planteando en el párrafo anterior, ¿tal vez? Ahora entendí que la crítica es a los modos de vida estandarizados. Que la vulnerabilidad –la disposición a afectarnos y afectar– nos pone indefectiblemente en una actitud creativa en los modos de respuesta y de relacionamiento, modos que desde esta disposición serían menos estandarizados, más queer… Por otro lado, tienes razón, busqué y en el texto de Butler está traducido así el término al español.

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